
José Victorino Lastarria was a prominent Chilean writer, politician, and intellectual who played a significant role in the cultural and political life of 19th-century Chile. Born in 1817, he was educated in a climate of political upheaval and intellectual fervor, which shaped his views on democracy and social justice. Lastarria's literary contributions include essays, novels, and poetry, with notable works such as 'El último rey de los incas' and 'La novela de un hombre de bien.' His writings often reflected his deep concern for the social issues of his time, blending romanticism with a keen sense of realism. In addition to his literary achievements, Lastarria was an influential figure in Chilean politics, advocating for liberal reforms and serving in various governmental roles. He was a key proponent of education and cultural advancement, believing that literature and the arts were essential for national progress. His legacy endures not only through his writings but also through his commitment to the ideals of democracy and social equity, making him a pivotal figure in the development of Chilean identity and thought during a transformative period in its history.
“Ningún político medianamente hábil recurre jamás al terror para fundar ni sostener su poder, porque basta una inteligencia común, no se necesita genio, para comprender que un interés exclusivo no puede perpetuarse, ni aún sostenerse por largo tiempo, en pugna con otros intereses políticos o sociales. La resistencia desgasta los resortes del poder extraviándolo de su rumbo: así lo han comprendido siempre todos los hombres de Estado que han pretendido dominar. Pero no lo han comprendido así jamás los que se han encargado de llevar adelante una reacción: todo gobierno reaccionario es ciego porque es apasionado. Siempre que un espíritu abatido, siempre que un interés o cierto orden de intereses sociales derrotados vuelve a la acción, en lucha con su adversario, la pasión domina a sus representantes, y cuando estos llegan a apoderarse del poder, son déspotas sin remedio, y su despotismo raya en la crueldad, en la locura. He aquí la razón por que Portales era déspota sin tener ambición y sin abrigar un corazón feroz. Portales no era hombre de genio y estaba bien lejos de serlo, pero tenía bastante aliento, osadía, energía y ardor en grado suficiente para encarnar en sí toda la pasión por el gobierno absoluto y todo el odio por los liberales, que los hombres de sus antecedentes y de su condición sentían en su tiempo.””
“la única salvación de nuestro porvenir está en el triunfo de las instituciones democráticas.””
“¡Funesta y ridícula propensión de nuestra sociedad a considerar grande hombre al que tiene ínfulas de tirano y osadía para despreciar la libertad y encadenarla!””