“¡Oh Muerte, capitana, ya es tiempo, el ancla alcemos!Nos hastía esta tierra, ¡oh Muerte!, ¡hay que zarpar!Si son de tinta negros cielo y mar cual los vemos,nuestros pechos, que ahondaste, sólo saben brillar.¡Vierte en nosotros el veneno que conforta!Mientras arda este fuego que en el cerebro llevo,sondeemos el abismo, Cielo, Infierno: ¿qué importa?¡Al fondo de lo Ignoto para encontrar lo nuevo!””
“¿Cuántas veces habré de sacudir mis cascabelesy besar tu frente ruin, triste caricatura?¿Cuántas flechas he de malgastar, oh carcaj mío,para dar en ese blanco de místico carácter?Emplearemos nuestra alma en sutiles intrigas,y demoleremos más de una pesada armadura,antes de contemplar a la gran Criatura¡cuyo infernal deseo nos llena de sollozos!Hay quienes nunca conocieron su ídolo,y a esos escultores condenados y marcados por el oprobio,que se golpean la frente y el pecho,no les queda otra esperanza, ¡extraño y sombrío Capitolio!sino que la Muerte, cerniéndose como un nuevo sol,¡haga que se abran las flores de su cerebro!””