La De Bringas
1884
In Galdós's devastating portrait of Madrid's bourgeois dreams, Rosalía de Bringas is a woman destroyed by the gap between appearance and reality. Her husband Francisco toils in the palace bureaucracy, his weak ambition matched only by his inability to provide the lifestyle his wife believes her connections demand. As debts accumulate behind a facade of respectability, Rosalía descends into a double life of credit fraud and clandestine affairs, trading her dignity for silk gowns and the fleeting sensation of mattering. Galdós writes with surgical precision about the machinery of self-deception: how easily we rationalize our compromises, how the opinion of others becomes a prison we build ourselves. This is Spanish realism at its finest, a novel that dissects the hollow ambitions of the middle class with compassion and unflinching clarity. Rosalía remains unforgettable, neither fully sympathetic nor condemnable, simply human in her desperate grasp for beauty and meaning in a world that offers her neither.
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“«¿Y a mí qué me importa que se casen o se dejen de casar o que ella sea como Dios quiere?». Su alma se inundaba de tolerancia; pero no quería dar su brazo a torcer ni manifestarse vencida, por lo cual esperaba que su marido cediera antes para hacerlo después ella afectando obediencia y resignación. El gran Thiers, en tanto, después de pesar en su mente las ventajas del viaje, miraba a su esposa como deseando que de ella partiese la iniciativa de conciliación. Era como cuando dos están enojados y ninguno quiere ser el primero en romper el hielo y hablar de paces.Rosalía se acostó, segura de que Bringas, a la mañana siguiente, se mostraría inclinado a aceptar la invitación de su primo. Ya sabía ella lo que tenía que decir. Primero, mucha ira, mucha protesta de dignidad, mucha palabrería contra Amparo y Agustín, después una serie de modulaciones de transición. Ella (Rosalía) acostumbraba no hacer caso de sí propia y sacrificar su gusto al gusto de los demás… Por sus hijos estaba dispuesta a hacer todo género de sacrificios y a pasar sonrojos y humillaciones. Era evidente que Isabelita necesitaba baños de mar y Alfonsito también… Ante esta necesidad, los gustos de ella, sus escrúpulos, no tenían ningún valor. En una palabra, si Bringas opinaba que debían ir, ella cerraría los ojos y…Pero contra lo que esperaba, el cominero no habló una palabra de viaje a la mañana siguiente. Levantose tarareando y parecía olvidado del asunto. En vano Rosalía le pinchaba, echando pestes contra los baños de los Jerónimos y quejándose de un calor mortífero. Él no decía más sino: «Para lo que queda ya… Desde el 15 empezará a refrescar». Con esto se desesperaba Rosalía.Aguardó hasta la tarde, impaciente y llena de ansiedad, y viendo que el ratoncito Pérez no mentaba para nada al tal Arcachón, aventurose a decir:”
— Benito Pérez Galdós


































